-No tienes derecho a elegir mi futuro- dice ella.
Niall mira a la muchacha y luego arrastra sus pies por el suelo haciendo circulos en la arena del parque en el que han quedado.
-Pensé que te gustaría ir a la universidad.
Lucía vuelve a suspirar y luego se lleva las manos a la cara para intentar no llorar. Se siente mal por Niall. Ha pagado algo que no podrá aprovechar. Las tasas mensuales de la universidad son muy caras y no va a poder hacerlas frente.
Niall la mira con pena. Pensaba que la iba a hacer ilusión poder ir a la universidad. Pensaba que Lucía iba a ser feliz estudiando lo que amaba. Pensaba que... Pensaba muchas cosas para conseguir su felicidad pero a lo mejor se olvidaba de lo más importante: se olvidaba de ella.
-No voy a poder, Niall.
-Claro que vas a poder.
-¡No, joder! ¡No lo entiendes!
-Claro que lo entiendo.
-¡No! ¡La universidad es muy cara!
-Te hará feliz- susurra al ver que Lucía empieza a llorar sin consuelo. Ve hilos de agua en sus ojos marrones que conectan con el suelo tras una precipitada caída de las lágrimas.
-No, no voy a ser feliz. No voy a poder pagarlo.
-Para eso me tienes a mí.
Lucía se lleva un puño a su boca para morderlo y así evitar soltar un gemido ahogado.
-No voy a aceptar que me pagues la carrera.
-Si es lo que te hace feliz...
-No voy a poder devolvértelo.
-Una vez me dijiste que ganaba lo de treinta familias. Alguna de esas familias puede ser la tuya. Te pagaré la universidad.
-No, no lo harás.
-Lo haré. Por ti.
Lucía se frota los ojos y luego se levanta del banco donde esta sentada para mirar a Niall quien sigue de pie a unos metros de ella.
-Lucía- Niall se muerde el labio con miedo por lo que va a decir-, nunca había sentido nada tan fuerte como lo que siento por ti. Nunca había sentido la necesidad de hacer feliz a alguien como por ti. Nunca había sentido que necesitase pagar una gran cantidad de dinero por alguien como lo siento contigo.
-Niall, no...
Niall se acerca a la muchacha por primera vez en ese rato para poder agarrar con firmeza su barbilla y limpiar sus lágrima que ha hecho que su rimel se corriese por toda su cara.
-No puedo evitarlo. Lo siento. Dejame pagarte la universidad.
-Niall, no quiero que...
-Voy a pagarla igualmente vayas a no vayas a clase.
-No me digas eso, por favor.
El irlandés corre su mano por la cara de la chica con delicadeza para poder apartar su pelo. Lucía suelta un gemido.
-Vas a ir a esa universidad y vas a demostrar a todo el mundo quien es la mejor actriz del mundo.
-No voy a poder.
-Claro que vas a poder.
Lucía mira al cantante con miedo. Sus ojos azules parecen tranquilos pero en el fondo, Niall, está nervioso.
-Vas a sacar todo sobresalientes. Vas a estudiar como nunca lo has hecho. Vas a ser una chica que, con ayuda, va a cumplir su sueño.
Harry le tiende a Sofia una taza de té para que pueda relajarse. La policía se acaba de marchar del bar junto al ladrón tras saber todos los hechos.
-¿Estás mejor?- pregunta Harry preocupado.
El chico mira a la chica. Sus manos tiemblan aún por el susto y ve como Sofia casi no puede sujetar por ella misma la taza así que va tras la barra y busca alguna pajita para que el líquido no acabe por toda la mesa.
-Gracias.
-No las des.
Sofia observa el pequeño destrozo de la cafetería. Un par de taburetes siguen en el suelo después de que Harry hubiese tirado al ladrón al suelo. La caja registradora sigue abierta y en ella asoman algunos billetes arrugados. El lugar donde hasta hacía un rato estaba la navaja del ladrón hay una pequeña carpeta con papeles de la policía que deberá entregar a su padre por ser el propetario del local.
No hay ningún cliente sentado en ninguna mesa y eso lo agradece Sofia ya que no esté en condiciones como para servir algo.
Harry la mira detenidamente mientras que ella se bebe el té. Pero luego se levanta y busca la chaqueta que llevaba la camarera por la mañana-una de color crema- y mete una mano en uno de los bolsillos para luego sacar unas llaves. Sofia, con un único contacto con los ojos verdes del cantante se da cuenta de lo que pretende y no dice nada, está a favor. Recoge un poco todo y luego sale a la calle antes de que Harry cierre la cafetería y baje la gran verja de metal.
-Supongo que tu padre se habrá enterado ya. La policía esta obligada a llamar al propietario. Lo mejor que podemos hacer es llevarte a tu casa para que puedas dormir un poco...
-No quiero ir a casa.
A la chica le habían llegado unos pensamientos poco agradables. Se imaginaba a su padre gritándola y diciéndola que por qué no había usado el spray de pimienta que tenían bajo la caja registradora.
-Necesitas dormir.
-No tengo sueño.
Harry la mira de nuevo pero esta vez sorprendido. Pero no esta dispuesto a dejar a Sofia tal y como están las cosas.
-Por allí tengo el coche.
Sofia se deja mandar como si su vida dependiera de ello así que, cuando llegan al coche, se monta en él y, cuando llegan a una gran casa con un jardín, Harry la guía hasta el interior y la deja algo de ropa y la obliga a tumbarse en su cama.
Ari y Zayn caminan por el barrio musulmán, aquel en el que Ari se sintió algo intimidada cuando al entrar en la mezquita se encontró con algunos creyentes rezando. Van dados de la mano mientras que caminar deprisa para intentar no llamar la atención -sin saber que eso es lo que más llama la atención en un barrio con tan pocos habitantes-. Ambos llevan en una de sus manos unos cucuruchos de helado que, poco a poco, se han ido derritiendo haciendo que sus manos estén pringosas. Algunos ancianos que parecen que estén jugando a las damas en algunas pequeñas mesas de plástico miran a la joven con cara de pocos amigos. Ari, por su mirada, se siente incómoda. Se mira el vestuario para ver si sus pantalones son demasiado cortos para su cultura aunque piensa que también debe de llamar la atención por las carcajadas que salen de su boca cada vez que Zayn, con dulzura, la besa en la mejilla o en el cuello.
Tras haberse terminado los helados y lavarse la mano salen del barrio tranquilo hasta llegar a una de las travesías donde la minoría étnica se junta con otras. Allí también corren pero sin llamar tanto la atención ya que mucha gente esta más pendiente del móvil que de lo que ocurre a su alrededor. Luego se sientan en un bando de madera que tampoco está muy escondido pero los únicos que están por allí son hombres de negocios con sus lustrosas carteras de piel.
Zayn se ríe de algo que ha dicho la muchacha y esta, haciéndose la ofendida, le pega un pequeó puñetazo en el brazo que hacer que Zayn finja dolor porque lo único que quiere es hacer que Ari se lo pase bien.
-¿Te gusta?- pregunta al rato él.
-¿El qué?
-Esto.
-¿Esto?
-Sí. Estar aquí. Conmigo.
Ella se sonroja e intenta esconder su cara tras sus manos pero Zayn hace que la mire a los ojos.
-Contestame, por favor.
Ari nota algo de miedo en su voz ya que esta tiembla. Asiente y, sin que pudiera imaginárselo, se encuentra con un gran sonrisa blanca delante de sus ojos que hace que el corazón le deje de latir.
-¿Te gustaría?- vuelve a preguntar el moreno.
-¿El qué?
-Que te besara.
Ari se sonroja aún más pero sabe que es inútil taparse con las manos así que vuelve a asentir dando permiso al moreno para que se acercara y la besara.
-Vas a ir a esa universidad y vas a demostrar a todo el mundo quien es la mejor actriz del mundo.
-No voy a poder.
-Claro que vas a poder.
Lucía mira al cantante con miedo. Sus ojos azules parecen tranquilos pero en el fondo, Niall, está nervioso.
-Vas a sacar todo sobresalientes. Vas a estudiar como nunca lo has hecho. Vas a ser una chica que, con ayuda, va a cumplir su sueño.
Harry le tiende a Sofia una taza de té para que pueda relajarse. La policía se acaba de marchar del bar junto al ladrón tras saber todos los hechos.
-¿Estás mejor?- pregunta Harry preocupado.
El chico mira a la chica. Sus manos tiemblan aún por el susto y ve como Sofia casi no puede sujetar por ella misma la taza así que va tras la barra y busca alguna pajita para que el líquido no acabe por toda la mesa.
-Gracias.
-No las des.
Sofia observa el pequeño destrozo de la cafetería. Un par de taburetes siguen en el suelo después de que Harry hubiese tirado al ladrón al suelo. La caja registradora sigue abierta y en ella asoman algunos billetes arrugados. El lugar donde hasta hacía un rato estaba la navaja del ladrón hay una pequeña carpeta con papeles de la policía que deberá entregar a su padre por ser el propetario del local.
No hay ningún cliente sentado en ninguna mesa y eso lo agradece Sofia ya que no esté en condiciones como para servir algo.
Harry la mira detenidamente mientras que ella se bebe el té. Pero luego se levanta y busca la chaqueta que llevaba la camarera por la mañana-una de color crema- y mete una mano en uno de los bolsillos para luego sacar unas llaves. Sofia, con un único contacto con los ojos verdes del cantante se da cuenta de lo que pretende y no dice nada, está a favor. Recoge un poco todo y luego sale a la calle antes de que Harry cierre la cafetería y baje la gran verja de metal.
-Supongo que tu padre se habrá enterado ya. La policía esta obligada a llamar al propietario. Lo mejor que podemos hacer es llevarte a tu casa para que puedas dormir un poco...
-No quiero ir a casa.
A la chica le habían llegado unos pensamientos poco agradables. Se imaginaba a su padre gritándola y diciéndola que por qué no había usado el spray de pimienta que tenían bajo la caja registradora.
-Necesitas dormir.
-No tengo sueño.
Harry la mira de nuevo pero esta vez sorprendido. Pero no esta dispuesto a dejar a Sofia tal y como están las cosas.
-Por allí tengo el coche.
Sofia se deja mandar como si su vida dependiera de ello así que, cuando llegan al coche, se monta en él y, cuando llegan a una gran casa con un jardín, Harry la guía hasta el interior y la deja algo de ropa y la obliga a tumbarse en su cama.
Ari y Zayn caminan por el barrio musulmán, aquel en el que Ari se sintió algo intimidada cuando al entrar en la mezquita se encontró con algunos creyentes rezando. Van dados de la mano mientras que caminar deprisa para intentar no llamar la atención -sin saber que eso es lo que más llama la atención en un barrio con tan pocos habitantes-. Ambos llevan en una de sus manos unos cucuruchos de helado que, poco a poco, se han ido derritiendo haciendo que sus manos estén pringosas. Algunos ancianos que parecen que estén jugando a las damas en algunas pequeñas mesas de plástico miran a la joven con cara de pocos amigos. Ari, por su mirada, se siente incómoda. Se mira el vestuario para ver si sus pantalones son demasiado cortos para su cultura aunque piensa que también debe de llamar la atención por las carcajadas que salen de su boca cada vez que Zayn, con dulzura, la besa en la mejilla o en el cuello.
Tras haberse terminado los helados y lavarse la mano salen del barrio tranquilo hasta llegar a una de las travesías donde la minoría étnica se junta con otras. Allí también corren pero sin llamar tanto la atención ya que mucha gente esta más pendiente del móvil que de lo que ocurre a su alrededor. Luego se sientan en un bando de madera que tampoco está muy escondido pero los únicos que están por allí son hombres de negocios con sus lustrosas carteras de piel.
Zayn se ríe de algo que ha dicho la muchacha y esta, haciéndose la ofendida, le pega un pequeó puñetazo en el brazo que hacer que Zayn finja dolor porque lo único que quiere es hacer que Ari se lo pase bien.
-¿Te gusta?- pregunta al rato él.
-¿El qué?
-Esto.
-¿Esto?
-Sí. Estar aquí. Conmigo.
Ella se sonroja e intenta esconder su cara tras sus manos pero Zayn hace que la mire a los ojos.
-Contestame, por favor.
Ari nota algo de miedo en su voz ya que esta tiembla. Asiente y, sin que pudiera imaginárselo, se encuentra con un gran sonrisa blanca delante de sus ojos que hace que el corazón le deje de latir.
-¿Te gustaría?- vuelve a preguntar el moreno.
-¿El qué?
-Que te besara.
Ari se sonroja aún más pero sabe que es inútil taparse con las manos así que vuelve a asentir dando permiso al moreno para que se acercara y la besara.